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'Game of Thrones' ha saltado el tiburón

Javi P. Martín Lunes 21 agosto 2017

¡Cuidado! Este artículo contiene spoilers

George R.R. Martin tuvo una reunión clave con David Benioff y D.B. Weiss en una habitación de hotel en Santa Fe. Era 2014 y los showrunners de 'Game of Thrones' se preparaban para empezar a explorar terreno virgen en Poniente. Aún tenían que escribir y producir la quinta temporada, pero después de eso, la serie alcanzaría la cronología de las novelas de 'Canción de hielo y fuego'. Y no tenía pinta de que 'Vientos de Invierno', el sexto libro de la saga, fuera a estar listo en poco tiempo.

Ya es 2017, Martin sigue sin publicar 'Vientos de Invierno' y la serie de HBO lleva dos temporadas de ventaja con respecto a las novelas. No tenemos con qué comparar los dieciséis episodios vistos hasta ahora, pero han sido sin duda alguna toda una montaña rusa. Jon Snow ha sido resucitado, Hodor ha sujetado una puerta, un bastardo ha salvado a Invernalia de las sucias manos de otro bastardo, Cersei ha introducido los fuegos artificiales en Desembarco del Rey, Daenerys ha llegado a Poniente y casi chamusca a Jaime Lannister.

'Game of Thrones'

La sucesión de giros de guion, revelaciones y cierres de tramas se ha vuelto cada vez más rápida, algo tan esperado como disfrutable. 'Game of Thrones' fue durante años una especie de 'Los vigilantes' medieval. Cambiamos Baltimore por los Siete Reinos y el negocio de las drogas por los juegos de poder y tenemos lo mismo: el meticuloso desgrane de un complejo y multitudinario paisaje. 'Game of Thrones' era exigente, calmada, calculadora y, cuando tocaba, cruel y sorprendente. Como la mejor televisión, premiaba la atención y la paciencia con baños de sangre inesperados en bodas concertadas.

En su séptima temporada, la serie de HBO se ha convertido en otra cosa. El cambio ha sido progresivo y paulatino, y lo que algunos ya intuían hace semanas se ha hecho palpable en el penúltimo episodio, 'Más allá del Muro'. Lo que antes era una serie inteligente y minuciosa ha derivado en otro tipo de relato: uno apresurado, de brocha gorda, más preocupado por hacer avanzar la trama que en cuidar el delicado castillo de naipes construido a paso lento y seguro durante años.

Me imagino aquella reunión en un hotel de Santa Fe de esta manera: George R.R. Martin, resignado y algo triste, escribía una lista de acontecimientos que vendrían en el futuro en sus novelas. Jon es un Targaryen. Check. Daenerys y Jon se lían. Check. Los Stark se reúnen en Invernalia. Check. Los Caminantes Blancos se hacen con un dragón. Check. Y los guionistas, que flipaban viendo cómo elaboradas teorías de los fans se cumplían y desmentían ante sus ojos una tras otra, no intuyeron el problema que se les venía encima.

'Game of Thrones'

Con unas treinta horas de televisión por delante, tenían la titánica labor de atar todos los cabos abiertos por George R.R. Martin desde 1996, cuando publicó el primer tomo. Es probable que el propio escritor sea consciente de lo difícil que es esta tarea, y precisamente por eso siga dándole vueltas y vueltas a 'Vientos de Invierno', el sexto libro de la saga, eternamente pospuesto ('Danza de Dragones' se publicó en 2011, el mismo año que empezó la serie a emitirse).

¿Dónde está mi serie?

Así llegamos a uno de los grandes problemas narrativos que está teniendo 'Game of Thrones' en su penúltima temporada. Mucho más que un cambio de ritmo: una historia cocinada a fuego lento durante años está ahora en el microondas. Difíciles alianzas, prolongados consejos y largos viajes son ahora resueltos en un par de escenas yuxtapuestas (superpuestas en alguno de los casos).

Un viraje que a algunos molesta y a otros satisface: por fin empieza la marcha. Más allá de juicios subjetivos, hay algo inexcusable: la serie ha perdido su consistencia y su coherencia. Ya sea mejor o peor; 'Game of Thrones' no es lo mismo que hace dos años. Hay quien defiende que esta nueva forma de narrar es más televisiva, pero ¿no querrán decir más entretenida, es decir, más tradicionalmente televisiva? Las mejores obras del medio de los últimos años no se distinguen precisamente por entretener. Por mi parte, nunca me aburrí con los magníficos diálogos, las conspiraciones políticas y la dosificada acción de 'Game of Thrones', y no necesitaba que los guionistas metieran la quinta marcha.

'Game of Thrones'

En el último episodio emitido, Gendry se echa la carrera de su vida, helado y muerto de miedo, un cuervo viaja del Muro a Rocadragón, al sur del continente, y Daenerys sopesa rápidamente si ir en socorro de Jon Snow con sus dragones. De nuevo al norte, más allá del Muro. En tres escenas y lo que parece ser cosa de un día en términos de tiempo diegético. Y habrá indudablemente quien defienda la plausibilidad de estos hechos. Puede pasar, puede ser, el cuervo vuela tal, los dragones, etc.

Y habrá quienes se rían por falta de argumentos: es una serie de dragones y zombis; nunca le pedí realismo a 'Game of Thrones'. No es realismo pero sí verosimilitud lo que le debemos exigir a toda ficción, y más aún: una cierta cohesión como obra total. Una serie en la que los showrunners han tenido el control durante ocho años y han podido decidir cuándo y cómo acabar, ¿por qué presenta un contraste tan fuerte entre las seis primeras temporadas y las dos últimas? No es más que mala planificación y una pobre capacidad de resolución por parte de los guionistas.

Y no es una simple cuestión de distancias y tiempos. Hay otros detalles. Estas temporadas han sido una constante concatenación de teorías cumplidas y la materialización de grandes momentos largamente predichos. Los padres de Jon, el reencuentro de los Stark, la confesión de Olenna, el dragón muerto, la creciente relación de Jon y Daenerys... Todo ello ha sido comentado y previsto durante años por los fans. Quizá es que el relato de Martin, lleno de pistas desde el principio, ha sido una férrea guía que con la ayuda de Internet se ha vuelto demasiado transparente, pero para algunos, 'Game of Thrones' ha perdido su capacidad de sorprender. Para otros, como en The Verge, simplemente se trata de un relato que por fin es satisfactorio para el espectador.

'Game of Thrones'

Imágenes del 7x06 de 'Juego de Tronos'

1 Jon, Jorah, Tormund, Thoros y Gendry en busca de los caminantes

2 Jorah Mormont

3 Arya y Sansa

4 Jon Snow

5 Sansa Stark y Brienne de Tarth

6 Tormund Matagigantes

7 Daenerys y Tyrion junto a los dragones

8 Batalla más allá del muro

9 Beric Dondarrion

10 Jon luchando más allá del Muro

11 Jon Snow y Beric Dondarrion

En relación con ello, hay otras quejas, como esta de The Guardian, que afirman que los personajes que han sobrevivido hasta ahora en 'Game of Thrones' se han acomodado demasiado. Ya nadie muere. En las últimas semanas, varios personajes muy importantes se han enfrentado a situaciones de vida o muerte (Tyrion infiltrándose en Desembarco del Rey; Jaime contra un dragón y ahogándose en el río; Jon, Jorah, el Perro y los demás rodeados de cientos de espectros y Caminantes Blancos), y todos ellos han sobrevivido. ¿No desentona esta nueva tendencia con aquel Poniente en el que nadie estaba a salvo de ser decapitado?

Hay muchos fans poniendo el grito en el cielo, y algunas de las quejas más repetidas son las que cuestionan determinados planes (¿pasearse por los Siete Reinos con un muerto viviente?) y las decisiones de algunos personajes que suponíamos mucho más inteligentes (¿acaso son ahora ciegas Sansa y Arya, las dos mujeres más supervivientes del universo de George R.R. Martin?). En NME han recogido algunas de estas críticas. Por nuestra parte, y a falta de un final de temporada que podría sorprendernos, hacernos volver a amar la serie y esperar con ansias durante un año o más... nos preguntamos: ¿Cuál fue el momento concreto en el que 'Game of Thrones' saltó el tiburón?

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