La playa
2000
6,5
La playa

Danny Boyle dirige con aproximado acierto la búsqueda del paraíso mochilero

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Crítica de 'La playa'

De Aitz

24 ene 2013

8,4

Con spoilers

"La Playa" es una de esas películas que recibe flores y palos por igual. Gustó a muchos y fue horrorosa para otros tantos. Yo, dentro del primer grupo, también aprecio los intentos fallidos de Danny Boyle por traspasar a la pantalla ciertos detalles del genial libro de Alex Garland.

A continuación escribo una crítica muy personal, en la que utilizo sucesos propios para dar razón a las bases argumentales de la película que considero importantes.

Nos encontramos en Bangkok con Richard (Leonardo DiCaprio), un mochilero americano (en la novela es inglés) que ha viajado solo a Tailandia para descubrir aventuras que no formen parte del itinerario turístico habitual. Como si el destino llamara a su puerta conoce a Daffy (Robert Carlyle), un viajero hippie con -aparentemente- los mismos ideales que Richard, que de algún modo se ve a sí mismo reflejado en éste y que parece estar atormentado por sucesos del pasado y por una "playa perfecta". Dada esa conexión entre ambos Daffy decide confiar en él y antes de suicidarse deja que Richard encuentre el camino a ese paraíso perdido. Aquí comienza la aventura del joven americano, y acongojado por el miedo de iniciar un viaje a un lugar que no conoce, decide compartir ese secreto con dos nuevos amigos: Étienne y Françoise; una pareja francesa con el mismo espíritu mochilero.

The Beach es una película que funciona bien por sí sola, y que es capaz de inspirar y de transmitir un mensaje a quien está dispuesto a escucharlo. Puede que sea una película que no signifique nada para aquellos que no sienten el impulso de viajar y conocer el mundo sin horarios, sin obligaciones y sin dejar que el miedo a lo desconocido les frene. Puede que La Playa, al igual que el libro, esté en definitiva enfocada a ese grupo de mochileros.

Cuando digo que La Playa es inspiradora es porque realmente lo puede ser, y lo fue conmigo. Vi la película varios años después de su estreno y cuando lo hice despertó una curiosidad por los viajes en mí. Y esas ganas de viajar se hicieron cada vez más grandes y desarrollé una pasión por ciertos lugares del mundo a los que quería ir. Después de leer el libro la historia de Richard me pareció mucho más fascinante, pero la película de Danny Boyle no dejó de ser esa mecha que lo inició todo. Por eso a pesar de sus fallos, sus irregularidades, sus excesos hollywoodienses... es una película que significó mucho para mí, a nivel personal.

Llegué a Bangkok solo, sin planes, sin nada reservado, a la aventura, y las cosas que la película muestra comenzaron a cobrar aún más sentido. Lo que veía, lo que me pasaba, los pensamientos que tenía... Yo era el Richard que hace casi una década había visto interpretado por DiCaprio. Y al tener esa sensación no podía dejar de sonreír.

No conocí a ningún Daffy, ni encontré el mapa de una isla desconocida, principalmente porque en Tailandia ya no hay lugares desconocidos. La masificación del turismo occidental y australiano ha hecho que hasta el último rincón de la última playa del último archipiélago haya sido fotografiado alguna vez, y aquí es donde uno de los mensajes importantes de la película cobra vida: "el blanco grande y robusto se comerá el puto mundo entero". Y es entonces cuando uno con otra ideología, otra moral, se considera mochilero y NO turista, y está orgulloso de ello. Tomas unas decisiones, visitas unos lugares, demuestras un respeto, un interés por la cultura y sus personas, y te diferencias de esa marea moderna que lo pisotea todo allá a donde va con la única intención de encontrar resorts con mojitos y fiestas multitudinarias.

Tailandia, por suerte, aún es una meca mochilera en la que puedes conocer a mucha gente con estos mismos ideales. Este es otro hecho factible que The Beach representa. Aquellas personas que Richard encuentra en la playa son turistas que no se consideran turistas, porque comparten esa filosofía del viaje que no existe en esta sociedad destructiva, y los cuales decidieron alejarse de las rutas turísticas para crear su propio paraíso.

Un paraíso, para Richard, que significa aguas cristalinas, arenas blancas y finas, y mucho tiempo libre. La sociedad de la playa perfecta es todo lo que cabía esperar de una sociedad que huye de otra y pretende corregir sus errores. Hay felicidad, armonía, amistad y sentimiento familiar. Y los sentimientos básicos que los hacen humanos siguen intactos, porque se siguen estremeciendo por el dolor y la pérdida. Richard comprueba que el paraíso es mucho más real y terrenal de lo que aparentaba. Y cuando ya ha saboreado ese paraíso físico, es cuando se da cuenta de que las personas tienen un papel muy importante en ese paisaje idealizado. Al principio, a través de su amor por Françoise, la joven francesa, la cual no le corresponde. De qué sirve encontrar el lugar más bonito de la Tierra si existe un vacío interior. "El amor no lo evapora el sol, ni se lo lleva la marea". Aún cuando tiene a Françoise en sus brazos los problemas humanos parecen perseguirle hasta aquella isla secreta y llega a un punto en el que deja de disfrutar de aquel lugar maravilloso y su gente y se ve envuelto en un huracán de emociones que le cambian por completo. Se pierde el objetivo, y el Richard que buscaba el paraíso desaparece, para convertirse en un desconocido que deambula con el único objetivo aparente de destruir su utopía. He aquí la revelación. No existe el paraíso, sino que lo hacemos nosotros. Allá donde queramos estar, la gente con la que queramos estar, y cómo valoremos ese tiempo que tenemos en nuestras manos. Eso es el paraíso, el momento en el que dejemos de buscar lugares idílicos y nos encontremos a nosotros mismos en un contexto que nos hace felices.

Cualquiera que haya viajado sabe que estas lecciones que La Playa (libro y película) retrata son totalmente ciertas. Viajamos de una manera porque nos sentimos aparte de este mundo decadente. Y con la intención de alejarnos de él buscamos el rincón perfecto, cuando en realidad está siempre en nosotros y con la gente que tenemos a nuestro alrededor. Sólo debemos aprender a valorarlo.

Califico la película con el 8, porque considero que el film de Danny Boyle sabe contar estas ideas, y porque a través de ellas es capaz de inspirarnos y de llegar más adentro de lo que quizás pretendía. Aun así, el esfuerzo tardío por meterse sobremanera en la mente del protagonista (en la novela ocurre de forma más progresiva), por hacerlo más introspectivo, acaba en escenas que crean algo de rechazo. Se nos intenta empatizar con la locura de Richard y su cambio de personalidad, pero la expresión del director (que a través de todas sus películas hemos llegado a conocer: peculiarmente visual y muy sonora) quizás no era la mejor manera de hacerlo si se quería mantener la cohesión con el resto de la película. O eso, o haber sido más fiel al libro en los demás actos del film.

A veces no se puede pretender que una película muestre lo mismo que una novela. Quizás ahí es donde falló Danny Boyle. Ahí y en "Hollywoodizar" ciertos aspectos de la historia, como la relación de Richard y Françoise.

El reparto es digno de admirar. El siempre perfecto Leonardo DiCaprio interpreta igual de bien a un jovenzuelo inocente que busca aventuras hippies como a un hombre perturbado que pierde el norte. La Playa le pide un cambio forzado de actitud, y él lo sabe hacer. Virginie Ledoyen era una joven promesa francesa y su belleza nos cautivó a todos. Su personaje no es gran cosa, pero cumple. Así como su pareja en la ficción Guillaume Canet, que aparece y desaparece a lo largo del film, pero interpreta a Etienne de forma correcta cuando se le necesita. Tilda Swinton es el segundo corazón de La Playa, y está tan fantástica como siempre. Su presencia llena la pantalla e impone respeto. Se palpa perfectamente la devoción que siente por el mundo que ha creado y el sacrificio que está dispuesta a hacer para protegerlo. Consigue que su "fanatismo" llegue a ser comprendido y casi apoyado. A Robert Carlyle le corresponde un extraño personaje (que en la mayoría de escenas será parte de la imaginación de Richard) y que no es ningún problema para su gran talento. Robert es el Daffy perfecto.

Las localizaciones son espectaculares y el director sabe sacarlas provecho.

Danny Boyle sabe lo que dirige y cómo lo hace, pero su personalidad y sus ganas de decir demasiado tal vez llegan a desbordarse. Aun así, su versión cinematográfica de The Beach trata los temas que la novela de Alex Garland quiso plasmar (de mejor o peor forma...), y la aventura por la que nos hace viajar no deja de ser insólita e intrigante. Tal vez esta película sólo signifique algo para aquellos que sabemos identificarnos con ella, pero si al menos a nosotros consiguió enseñarnos lo que Richard aprendió a lo largo de su odisea, me parece que el esfuerzo de todas sus partes cumplió su cometido.

La Playa no pasará a la historia del cine, pero ya sea por la historia en la que se basa o por lo efectivo de sus imágenes, en mi caso marcó un antes y un después, y al final fue el granito de arena que me influyó para siempre.

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