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Qué pena lo de 'Big Little Lies'

Javi P. Martín Martes 23 julio 2019

En la era del Peak TV, segundas temporadas casi nunca son buenas. Lo cumplió hace bien poquito 'Killing Eve', se está comentando con 'El cuento de la criada (The Handmaid's Tale)' (que va ya por la tercera y sigue sin levantar la cabeza, como si de una criada en la propia Gilead se tratara) y lo ha dejado más claro que el agua del Oceano Pacífico la segunda temporada de 'Big Little Lies', que acaba de terminar con su séptimo episodio, disponible en HBO España desde este lunes.

'Big Little Lies'

En un principio muchos pensamos que continuar lo que había nacido como miniserie, solo porque había sido un exitazo de audiencia, premios y conversación, sonaba a mala idea. Parecía que HBO iba a improvisar una segunda temporada, pero como todos los tripulantes del barco estaban de acuerdo, desde la autora de la novela, que escribió una especie de tratamiento de la secuela, hasta el reparto de estrellas encabezado por Reese Witherspoon y Nicole Kidman, pasando por el guionista y showrunner David E. Kelley, tuvimos que callarnos. Y nos callamos hasta que ficharon a Meryl Streep para hacer de la suegra malvada de Nicole Kidman, cuando empezamos a gritar y llorar y volvimos a rezar porque estaba claro que un Dios que permitiera algo así existía y era bueno y misericorde.

Así que cuando llegó la segunda temporada hace un par de meses, la recibimos con los brazos abiertos. Incluso nos pareció que volvía en plena forma y con un espíritu continuista que celebramos. Más 'Big Little Lies' era una buena noticia, hasta que dejó de serlo.

'Big Little Lies'

La segunda mitad de la temporada ha estado marcada por la polémica que salió a la luz sobre su rodaje: HBO había contratado a la directora Andrea Arnold ('Dulzura americana') para sustituir a Jean Marc Vallée, que estaba ocupadísimo con 'Heridas abiertas'. Arnold tuvo total libertad creativa durante el rodaje, lo que pasa es que después HBO y Kelley donde habían dicho digo dijeron Diego y llamaron a Vallée para que convirtiera lo rodado por ella en algo más parecido a lo que él había hecho en la primera temporada. Un gesto muy feo que dejó a la directora, según dicen, devastada, y del que algunos han extraído una lectura sobre el momento de hipocresía que vive la industria: dos hombres controlando e incluso deshaciendo el trabajo de una mujer a la que una cadena había contratado... ¿para ponerse una medallita? Más irónico aún si pensamos que 'Big Little Lies' ha sido uno de esos proyectos vendidos de forma muy pública como el triunfo de la mujer en Hollywood, como un refugio de sororidad entre sus actrices y con Witherspoon y Kidman como productoras e impulsoras del proyecto. Ellas, por cierto, siguen sin pronunciarse sobre lo de Arnold.

Ojalá lo peor de esta segunda temporada hubiera sido esa polémica.

'Big Little Lies'

Lo cierto es que 'Big Little Lies' ha cogido sus aciertos y los ha convertido en defectos. El diseño narrativo de Vallée, con sus flashes, sus planos bonitos y su selección musical de un gusto tan exquisito como forzado, ha dado el salto a la parodia que solo estuvo a punto de hacer durante la primera temporada. Debería haberme tomado un chupito cada vez que se nos mostraba de nuevo en ráfagas y sin sonido la escena de la muerte de Perry. O deberían habérselo tomado Shailene Woodley y Zoë Kravitz, y quizá no se habrían paseado durante siete episodios con cara de seta.

El abuso de los flashbacks "modernos" que Vallée también exportó a 'Heridas abiertas' ha llegado a fagocitar algunas tramas, que en vez de contadas han sido insinuadas, prometidas, pero nunca exploradas. Había momentos llenos de flashes que no contaban nada (cuánto daría por ver el plan de rodaje de Alexander Skarsgård, que ha vuelto para estar pero poquito, o por cobrar lo que él habrá cobrado por ese trabajo) y escenas claramente mutiladas y mezcladas sin ton ni son. Lo más doloroso es "lo del helado" (nombre oficial): no ruedas una escena en la que Reese Witherspoon le tira un cucurucho a Meryl Streep y después la cortas en la sala de montaje. ¿Qué tipo de persona toma esa decisión y después sigue viviendo sin entregarse a la policía?

Cinco series (no muy buenas) en una

Con un reparto así, la segunda temporada llegó a parecer un milagro pero se ha acabado convirtiendo en un infierno. Es culpa sobre todo del guion de David E. Kelley y la "idea" (o falta de ella) de Liane Moriarty para continuar la historia. Tenía sentido que se explorase la culpa de Bonnie y el trauma de Jane, y la llegada de la madre de Perry en busca de venganza era una buena premisa para darle vida a lo que nació como un divertido melodrama gourmet. Pero la escasez de desarrollo de las tramas y su nulo interés la han convertido en un plato precocinado calentado en el microondas.

Y sin embargo, lo cierto es que 'Big Little Lies' ha seguido siendo, en cierto sentido, disfrutable. Aunque sea porque ha sobrevivido su espíritu camp, como señala esta magnífica crítica en BBC. Los dramas de cinco mujeres ricas llorando en sus casas grandes junto al mar nunca fueron para tomárselos en serio, pero al menos antes eran divertidos. Y estaban bien escritos, sin atajos de guion como esas tramposas revelaciones al final del juicio de Celeste y Mary Louise.

'Big Little Lies'

Ahora 'Big Little Lies' parece cinco series distintas, una por cada protagonista, y ninguna de ellas es especialmente buena. Las de Jane y Bonnie son aburridas, la de Celeste tramposa y lo de Madeline con el marido enfadado toda la temporada sí que no ha tenido justificación alguna. Y menos cuando se ha acabado resolviendo con una escena que parecía escrita para 'Grey's Anatomy' (no, qué va, para el spin-off malo de Kate Walsh), y que subrayaba lo ridículo que es rodar un culebrón como si fuera drama indie social.

Mejor dicho, una de las cinco series sí es muy buena: la trama de Renata en bancarrota parecía un pegote, pero cualquier excusa para ver a Laura Dern gritando desquiciada es una buena idea. Ella y Meryl Streep de villana con muy mal fondo han salvado la temporada, y si HBO renueva una vez más sin que nadie se lo pida, espero que sea para rodar siete episodios con Renata y Mary Louise discutiendo en el Starbucks. En la silla de dirección que pongan a Amabella, que ya conoce lo que es la ansiedad.

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