OPINIÓN DE EXPERTOS

George R.R. Martin y Neil Gaiman critican la falta de fidelidad en las adaptaciones

Los autores de fantasía, George R.R. Martin y Neil Gaiman, comparten sus reflexiones acerca de la falta de fidelidad en las adaptaciones de las obras literarias a la televisión.

Por Jenifer Martín Amador 31 de Octubre 2022 | 14:30

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George R.R. Martin y Neil Gaiman critican la falta de fidelidad en las adaptaciones

George R.R. Martin y Neil Gaiman son dos autores especializados en las adaptaciones de sus obras literarias a la televisión. Martin ha vivido cómo se ha adaptado su saga 'Canción de hielo y fuego', que dio lugar a la serie de HBO, 'Game of Thrones', y recientemente, la adaptación de su libro, 'Fuego y sangre' para crear la serie 'House of the Dragon'. Por su lado, Gaiman ha participado hace poco en la adaptación de su serie de cómics, 'Sandman', un proyecto estrenado recientemente por Netflix, pero también se han adaptado otras de sus novelas a la televisión como 'Good Omens' o 'American Gods'. Recientemente, ambos autores mantuvieron una charla en el Symphony Space de Nueva York, y se lamentaron de las adaptaciones que son infieles respecto al material original.

Martin y Gaiman

Esta conversación fue publicada por Variety, una charla en la que los dos autores coincidían sobre el grado de fidelidad que se debía mantener en las adaptaciones televisivas. Martin dijo que la "obligación de ser fiel al material escrito" es un tema "controvertido" en Hollywood. "¿Cómo de fiel debes ser? Algunas personas no sienten que deban ser fieles en absoluto. Hay una frase que ronda por ahí: «Voy a hacerlo mío». Odio esa frase. Y creo que, probablemente, Neil también la odia", reflexionó el autor de 'Fuego y sangre'. Gaiman dijo que sí odiaba tal afirmación: "Me he pasado 30 años viendo a la gente hacer de Sandman algo suyo. Y algunos de ellos ni siquiera habían leído Sandman para hacerlo, simplemente hojearon algunos cómics o algo así", explicó Gaiman.

A pesar de las críticas negativas esgrimidas por los autores con respecto a las adaptaciones literarias a la televisión, parece que ambos están satisfechos con sus proyectos. El autor de 'American Gods' aseguró que fue un "placer" poder hacer 'Sandman' para Netflix, y Martin animó al autor lanzando al público el grito de: "¡Queremos la segunda temporada!".

Por otro lado, el escritor de 'Juego de Tronos' aclaró que hay modificaciones que son necesarias en las adaptaciones: "Hay cambios que tienes que hacer, o que te piden que hagas, que creo que son legítimos. Y hay otros que no lo son". Para ejemplificar esta reflexión, el autor mencionó la adaptación del cuento de fantasía de Roger Zelazny, 'El último defensor de Camelot', para un capítulo de 'The Twilight Zone', y cómo las restricciones del presupuesto le obligaron a elegir entre tener caballos o un elaborado escenario: "Eso, en mi opinión, es el tipo de cosas que se te pide que hagas en Hollywood y que son legítimas". Además, Martin dijo que la CBS le obligó a incluir a una "persona corriente" que se une a los protagonistas en uno de los episodios para apelar a un "concepto elevado", y dijo que esto sí que fue un cambio "ilegítimo": "Era nuevo en Hollywood...No dije: «Estáis jodidos, imbéciles»", explicó.

Imposibles en las adaptaciones

Los libros son idóneos para el despliegue de la imaginación y la descripción y ensoñación de imposibles. El cine es también un medio perfecto para la fantasía, pero no puede llegar a los lugares donde llega la literatura, ya que en el séptimo arte hay que contar con elementos como el presupuesto, que son determinantes para la realización de proyectos cinematográficos. Por tanto, no todo lo que se escribe en un libro se puede llegar a reflejar en la gran pantalla a modo de adaptación.

Para explicar esto, Martin ponía un excelente ejemplo, el del Trono de Hierro. "¿Por qué el Trono de Hierro de Juego de Tronos no es como el descrito en los libros? ¿Por qué no tiene 4,5 metros de alto y está hecho de 10.000 espadas? ¡Porque el techo de nuestro estudio no tenía 4,5 metros de alto! No cabíamos ahí, y no estaban dispuestos a darnos la Catedral de San Pablo o la Abadía de Westminster para rodar nuestro pequeño espectáculo", argumentaba el autor entre risas.