Más relajada e introspectiva que su excelsa predecesora, una de las grandes películas del siglo XXI, 'Kill Bill Vol. 2' quitaba ligeramente el pie del acelerador hasta encontrar la velocidad perfecta. Más calma y austera, contenida y pausada, reflexiva y, en cierto modo, poética, hablamos de una obra maestra rotunda que anula una vez más el torpe lema de que segundas partes nunca fueron buenas.
Repleta de escenas para el recuerdo, especialmente en un último tramo que forma parte de lo más destacado que ha firmado Quentin Tarantino hasta la fecha, esta secuela es un auténtico regalo cinematográfico al que regresar cada cierto tiempo para volver a disfrutar de sus inolvidables personajes y un guion de inspiración apabullante. Todo ello, por supuesto, sostenido sobre un reparto fabuloso en el que, de nuevo, brillaba con luz propia una Uma Thurman pletórica de inicio a fin.
En definitiva, y siendo conscientes de que esa ansiada tercera entrega nunca llegará a ser una realidad, 'Kill Bill Vol. 2' queda escrita en la historia del séptimo arte como uno de los grandes cierres cinematográficos de todos los tiempos. Una película excelsa que crece en cada visionado. Y eso que, ya en su estreno, respiraba con el movimiento inconfundible de los gigantes.